lunes, 12 de enero de 2009

LA PRINCESA DE LAS AGÜAS


En el etéreo valle de las aguas sempiternas moraba una Princesa.

Esta Princesa era muy codiciada pues su padre era poseedor de grandes riquezas y vastos terrenos.
Vivía agobiada por sus obligaciones reales, protocolo y diplomacia eran su cárcel.

Colmada de alhajas, hastiada de lisonjas efímeras, sobrevivía día a día esperando la visita del Juglar.

En este mismo valle rondaba un alegre Juglar con su cítara.
Mujeriego y pendenciero traía de calle a todas las muchachas del condado.
No escatimaba en juegos y canciones a la hora de llenar su cama en las noches de frío.

Pero había algo que permanecía helado dentro de tan calido cuerpo...

El Juglar iba todas las semanas a la corte a actuar en las cenas del día grande,
donde diversión y libertinaje se mezclaban con buenos modales y cortesía.

El se acorazaba tras sus chanzas, saltos, cantos y acordes para no mirar más de lo debido a la pieza más valiosa de la corona...
la Princesa.

Esta, a su vez, sonreía ampliamente cada cabriola o improvisación y cuando este tocaba la cítara lentamente ella se reclinaba sobre la mesa olvidando
temporalmente el protocolo y volaba...soñaba...era...

La despertaba de su ensoñación algún portentoso joven, engalanado para la ocasión, ofreciéndole la mano para bailar y ella...
resignada y cortes, sonreía y salía al salón...

Pronto las visitas del Juglar fueron mas frecuentes a petición de la Princesa y eran dos las veces por semana que se veían.
Una era el día grande, otra, actuaba solo para ella.

Y la Princesa reclinada en su alejado trono soñaba con salir corriendo del palacio, descalza...
y riendo alocada lanzarse al lago con ropa o sin ella, tanto daba.

Y cuando volvía... allí estaba el Juglar cantando una canción solo para ella y le gustaba perderse en la inmensidad de sus oscuros ojos, sabiendo que en ellos había
pasión y vida, sabiendo que nunca serian suyas esas cualidades presa de un futuro concertado con algún rico heredero.

Por si parte el gentil Juglar comenzó a prendarse de la Princesa.
Y en la soledad de su morada componía canciones y desgarraba notas en su vieja cítara soñando secuestrar a la Princesa y hacerla suya.

Si, la secuestraría y la haría presa, pero no de un elevado torreón.
La haría presa del más bello bosque, cautiva de la libertad y el espacio eternamente.

Mas cada día grande el Juglar tocaba para que otro la rondara y aunque cada tarde que pasaban a solas, mas interés mostraba la Princesa,
ambos sabían que ella nunca seria suya.

En unas de estas actuaciones en las cenas del día grande, oyó el Juglar a la Princesa hablar con un caballero que la pretendía.

- "Buen Caballero, Dime que si me desposas me llevaras a un lugar donde pueda pensar con libertad, donde nadie me quiera juzgar."

-"Pero Princesa. Bien sabeis que quien os despose vivirá con su merced en el castillo"

Ella bajaba la cabeza cabizbaja, desilusionada...mas lo quiso intentar una vez más.

-" Vos sois del agrado de mi padre, tiene depositada confianza en vos. Yo anhelo ver el cielo nocturno desde el valle. ¿Porque no me sacáis esta noche? Nunca he salido

-" Oh no, Princesa! Jamás haría nada que contrariara a vuestro padre, nada que me perjudicara a la hora de..."

-" a la hora ¿de?... MARCHAOS! QUE PARE LA MUSICA!"

Y la Princesa se fue desolada a su estancia.

Poco tardo en urdir un plan el Juglar y antes de marchar del castillo paso una nota a la Princesa a través de una criada que un día cortejo.

"Esta noche. En los jardines. Te daré una a una todas las estrellas"

Algo la empujaba a confiar en el y así se vieron en los jardines.

Muchacho valiente era este Juglar, que a pesar de todas las contradicciones, saco esa noche a la Princesa del castillo.

Ella colaboro gustosa, divertida, deseosa...
cuan cálida era la mano del Juglar y cuan fría la noche, nunca la había vivido así.

Y lejos del castillo, tras caminar por un bosque que la aterraba, haciéndola asirse al brazo del Juglar con fuerza, para regocijo de este,
llegaron a un claro, donde solo el viento entonaba su melodía.

Entonces el Juglar movió con delicadeza la cabeza de la Princesa hacia el cielo y esta quedo prendada por completo.

No lo imaginaba algo tan hermoso, emocionada, abrió los brazos y cerro los ojos para sentir el frío viento en sus mejillas.

Cuando volvió en si, el Juglar la miraba...

Ella se sintió libre,sintió la libertad que emanaba de su ser y lo abrazo.

Y entonces el le canto la canción que le había compuesto...

"Escuche tu suspiro tan lejos de mi,
Sentí tu piel tan cercana y real
Y se...
Que mi iglesia no es de plata y oro.
Pero juzga mi alma, en ella veras mi promesa.
He probado tus lágrimas y haré tu sueño realidad.

Sabes que nuestro sueño es sagrado y no fallara,
se cobija en un santuario muy frágil y tierno.
Es el sacramento del amor,
Es el sacramento del verdadero calor...
El sacramento eres tu..."

Emocionada cerró los ojos y sintió el verdadero calor... el de un sincero beso.

La noche acabo, la Princesa volvió y nadie pareció percatarse.

Cuan feliz era con su secreto, el de ambos y su sueño...
Más alguien los había visto y no duro mucho la felicidad.

El rey se entero.
Encerró a la Princesa en su habitación y al Juglar en un calabozo del castillo mientras decidía su destino.

La Princesa enfermo de tristeza.

La mantenía consciente el sonido de la cítara del Juglar que cada noche tocaba en su prisión, sabía que esa hermosa melodía era solo para ella
pues bajo su almohada guardaba esta nota:

"Me llega a mis oídos que la pena os ha enfermado, y os prometo añadir una nota cada noche a tu melodía hasta que mejores, alma mía, y mientras
me quede un resuello de vida..."

Y besando esta nota, dormía al arrullo de su melodía.

El Rey iracundo por el descaro del Juglar mas misericordioso con su persona, no mando matarlo, pero lo desterró, sin avisar de esto a la Princesa.

Esa noche la Princesa no oyó su melodía esa noche, ni la siguiente, ni la siguiente...
Creyó muerto al Juglar...
Y muerta su libertad y su pasión, sin que el rey lo pudiese remediar...la Princesa murió de pena.

Y en aquella lejana mazmorra en la que el Juglar quedo recluido hasta el fin de sus días, el siguió tocando su melodía....una melodía eterna.

La leyenda asegura que en las noches de viento, este silba su melodía, su promesa inacabada...

1 comentario:

Anabel dijo...

Que bella la historia de la princesa y Juglar,me ha emocionado,pero que triste final para alguien que solo deseaba ser feliz y amar.
un besito

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